Si ahora mismo dijeran fuentes oficiales que las bombas encontradas recientemente en Londres las colocaron activistas de Hamas bajo la dirección de Osama Bin Laden, nos lo creeríamos a pies juntillas. Da igual el disparate que nos suelten; nos lo tragaremos sin masticar. Y a quien se le ocurra razonar y diga que esa información es dudosa, le consideraremos un inadaptado fantasioso, seguidor de leyendas urbanas y con ciertas afecciones psicológicas.
Quedó totalmente demostrado con el 11S: En contra de toda lógica, poner en duda la versión oficial supone, entre otras cosas, ser tachado de aburrido “conspiranoico” y crédulo seguidor de leyendas urbanas. Nos cuentan un disparate sobre aprendices de pilotaje de avionetas manejando aviones gigantescos con una habilidad que supera a la de los más experimentados pilotos de la aviación, y debemos aceptarlo sin más.
Es terriblemente inquietante el control que han logrado los medios sobre nuestra capacidad de razonamiento. Contra todo pronóstico, hoy en día se ha logrado que usar la razón en determinados casos, sea tan menospreciado y ridiculizado como creer en OVNIs.
Podemos hablar mil veces sobre el 11S y más, porque el asunto es infinitamente más grave de lo que imaginamos.
El 11S fue el detonante de una guerra mundial contra un enemigo fantasma -creado por una “mano mágica”- al cual no interesa atrapar por nada del mundo. Una guerra mundial que ha acabado con millones de inocentes en seis años y que continúa avanzando imparable, porque la opinión pública (nosotros) se traga todas las patrañas que le escupen desde las alturas, por que nos da miedo, pereza o, incluso, porque nos aburre pensar de forma razonable aunque con ello estemos ayudando a parar esta masacre mundial. Estamos en una de las épocas más críticas de la historia conocida de la humanidad. Una época realmente paradójica, donde hemos alcanzado conocimientos científicos y humanos inimaginables hace tan sólo un siglo. Pero en la que, a su vez, se ridiculiza a quien se atreve a pensar de forma lógica. Podemos indignarnos, podemos ir a gritar al desierto… Increíblemente la ridícula versión oficial sobre el 11-9 es la que predomina contra toda lógica. Gracias a que los medios de comunicación dominantes están en manos de quienes mismo lo planearon o se beneficiaron (y siguen beneficiando) con él.
Si el 11S hubiese ocurrido en Venezuela, por ejemplo, y la misma versión oficial absurda hubiese sido emitida por su gobierno, nadie se la creería.
Es más, los medios masivos la atacarían sin piedad para aplastar tan descarada mentira.
Si hasta pagan a científicos para que corroboren las tesis oficiales con datos adaptados a la versión oficial.
Ni siquiera en Cuarto Milenio se atrevieron a ponerle un solo pero, confirmando la versión oficial punto por punto. Haciendo un flaco favor a las miles de víctimas de los atentados y al más de un millón de asesinados entre las invasiones a Irak y Afganistán.
Podemos considerarnos privilegiados por ser testigos directos de estos tiempos; claves como ningún otro en la historia de la humanidad.
Donde la razón podía ser nublada con suma facilidad por los medios de comunicación. Algo que, seguramente, quedará grabado en la historia con letras de fuego, ya que es más impactante incluso que el propio 11S.
Muchas profecías señalan estos años como los destinatarios de sucesos realmente preocupantes. Y puede que lleven algo de razón, pues estamos a todas luces ante algo muy grave que está ocurriendo ahora mismo en nuestra realidad cotidiana; en la conciencia individual y colectiva. Algo a lo que jamás nos habíamos enfrentado.